miércoles, 3 de noviembre de 2010

Lo que me queda por vivir

Me cae bien Elvira Lindo. Me cae bien porque parece tener la voluntad de ser feliz, de ver las cosas con optimismo y sin prejuicios. Me cae bien porque en sus historias retrata unos personajes de barrio, de pisos abarrotados de muebles oscuros y figuritas en los aparadores que pocas veces aparecen en la literatura, pero que existen, que conocemos, y los retrata con respeto, sin paternalismos. A este sentimiento no es ajeno el hecho de que, como profesora de secundaria, he conocido varias generaciones de estudiantes que han disfrutado con algunas de sus historias. Y por eso, porque me cae bien, me enfrento a sus libros con ganas, con la voluntad de que me gusten.
Lo que me queda por vivir es una novela con toques autobiográficos, que se inscribe en esta tendencia de la autoficción (faction, en inglés) tan contemporánea. Y es una novela con momentos muy intensos, en los que la historia de esta madre joven y perdida, con un hijo pequeño a su cargo, te atrapa. Pero es una novela desigual. Los capítulos parecen estar concebidos como cuentos independientes y, en ese sentido, algunos son, como cuentos, escritos de gran altura. El último capítulo, por ejemplo, es un cuento de gran intensidad. La novela en su conjunto adolece de falta de unidad.
En cualquier caso, leeré la próxima novela de Lindo con las mismas ganas de que me guste.

Lo que me queda por vivir
Elvira Lindo

No hay comentarios:

Publicar un comentario